Integridad digital desde el lunes.

Dedo índice izquierdo: Gran pinchazo de tijera.

Dedo mayor derecho: Aplastamiento ventanil.

Dedo índice derecho: Mordedura de rata.



¡Y hoy recién es miércoles!

Flor, sus hospitales

Odio los hospitales, de siempre, con sus enfermeras sádicas y sus pasillos con olor a desinfectante. Odio los hospitales porque se te meten por las orejas y por los agujeros de la nariz, y se quedan ahí varios días. Sé de lo que hablo, de niña los frecuentaba bastante.
Detesto también sus señoras que tosen sin taparse, y sus niños que lloran, y sus carteles que alertan sobre el cáncer de próstata. Sus colas interminables, sus números que duermen enrollados, sus baños infectos aunque huelan a lejía, sus cafeterías, sus sillas de espera...
Odio los hospitales.
En el instituto visitamos uno y me negué a entrar, alegando quién sabe qué. Recuerdo observar a mis compañeros mientras se adentraban e intentar intuír, en sus ademanes o en sus pasos, las distintas maneras en las que el hospital se iba adentrando también en sus personas.



Lucas, sus hospitales

¡Cacho cuadro!

Hace un tiempo descubrí un blog-juego que me llamó muchísimo la atención, en el que uno de los autores del blog subía la foto de un famoso dificilmente reconocible, y le gente intentaba adivinar de quién se trataba. Entonces se me encendió la lamparita y me dije: hey, sería divertida una versión con fragmentos de pinturas famosas! (Yay^^!) Pero como todos sabemos lo perezosa que soy, no lo puse en práctica hasta ahora, y aquí está el resultado.

Entren a ambos!